Grigóriy Maksimovich artillero de Il2 relata su encuentro con una tripulacion de B-17
P: ¿En alguna ocasión Usted se encontró con los pilotos aliados? En caso afirmativo, ¿en que circunstancias fue?
R: Si, en una ocasión. Era en abril del 1945. Nosotros estábamos ubicados en el aeródromo de Torn, en Polonia. En nuestro aeródromo aterrizó un bombardero americano cuadrimotor, creo que era la “fortaleza volante”, el “B-17”. Su tripulación (que no era nada pequeña) vivió en nuestro aeródromo durante varios días, mientras les estaban reparando su avión. Durante estos pocos días nos hicimos amigos y mantuvimos muchas conversaciones. Ellos comían con nosotros en nuestro comedor, andaban libremente por nuestro aeródromo, bebían los “cien gramos” con nosotros (los 100g de vodka diarios correspondían a cada militar para quitar el estrés. Nota de HR.). Claro que si – eran nuestros aliados. Recuerdo muy bien al piloto, comandante de la tripulación americana. Se llamaba George Richman.
P: ¿Tenían traductores?
R: Si, teníamos a un traductor “casero”. Teníamos a un piloto judío, su apellido era Idelchik, y su artillero también era judío (les llamábamos “tripulación israelita”). Este artillero dominaba bien el inglés. Así que no teníamos problemas de comunicación. Este George Richman sabía su valor, y no se dejaba infravalorar. Durante la primera cena, enseguida dijo que tenía realizados 15 o 20 vuelos de combate. Y para que nosotros podamos apreciar mejor su maestría, nos contó en detalle cómo pilota su avión. Dijo que despegaba en Inglaterra, bombardeaba Alemania y aterrizaba en Italia. En Italia repostaba el combustible, cargaba las bombas y despegaba para volver a bombardear Alemania, y posteriormente aterrizaba en Inglaterra. Estos vuelos duraban muchas horas. Esta vez cuando estaba encima de Alemania le dañaron su avión, así que tuvo que aterrizar en Polonia. Bueno, apreciamos como es debido su maestría: “bien hecho, George, sigue así, ¡brindemos por la hermandad militar soviético-americana!”.
El día siguiente teníamos una misión. Precisamente en aquel momento nuestras tropas estaban en avanzada, el trabajo bullía en nuestro aeródromo. Bombas por allí, los camiones de gasolina por allá. Los Shturmovík trabajaban sin parar. Unos estaban despegando, seguidamente venían otros y aterrizaban. Muchos de los Shturmovík aterrizaban dañados, completamente hechos polvo. Aterrizaban – 1,5 o 2 horas para repostar el combustible y cargar la munición – y a despegar otra vez. Y todo esto con mucha prisa, todos corriendo. Cada tripulación realizaba 3-5 vuelos diarios. Créeme, el regimiento funcionaba como un reloj suizo. Los americanos estaban observando todo nuestro trabajo. Por la noche, cuando estábamos en el comedor, se me acercó George (le caí muy bien) y me preguntó:
- Grísha, ¿en su regimiento siempre trabajáis así?
- Cuando nuestras tropas avanzan – siempre.
- ¿Grísha, cuantos vuelos de combate realizaste?
- Casi cien.
George quedó estupefacto. Me dijo:
- Grisha, cuando yo realice veinte y cinco vuelos, tengo el derecho a volver a casa. Para siempre. Tenemos una regla: el piloto de bombardero tiene que realizar solamente veinte y cinco vuelos de combate. Pero tú, ¿por que sigues luchando?
Así que le contesté:
- Nosotros también tenemos una regla: luchar hasta la victoria.
Por lo que George me contestó:
- ¿Pero al menos habrás estado de vacaciones después de realizar cada 25 vuelos?
No sabia que contestarle. ¿Que le iba a decir, “con mucho gusto me iría de vacaciones pero mis jefes no me dejan? Así que le dije:
- Me iré cuando acabe la guerra.
George quedó desconcertado.
El día siguiente la historia se repite de nuevo. Los aviones dañados han sido reparados y ya están en el aire, el aeródromo sigue bullendo. Todo igual que ayer – los vuelos transcurren sin interrupciones, desde el amanecer temprano hasta la noche. El tercer día – lo mismo. Por fin repararon la “fortaleza” americana, así que tenían que despegar al día siguiente. Para celebrar la despedida de los aliados les montamos un banquete. George tomó la palabra. Se levantó y dijo: “¡Muchachos, estoy realmente sorprendido! Estuve en muchas bases aéreas, pero jamás había visto un trabajo tan intensivo y tan perfecto, realizado con tanta maestría y excelencia como en vuestra base”.
Ese George era un buen hombre. Recuerdo que le pregunté:
- ¿De que parte eres?
- De Chicago.
- ¿Tienes familia – mujer, hijos?
- No tengo mujer, solo tengo a mis padres.
- ¿Quiénes son, a que se dedican?
- Nuestra familia es propietaria de cinco fábricas.
¡La lache! ¡Alucinante! El también me preguntó:
- ¿Y tu de que parte eres?
- De Kubán.
- ¿A que se dedica tu padre?
¡Bueno! No sabia que contestarle, ya que él ni siquiera sabrá lo que significa un “koljosiáno” (un campesino que trabaja en un koljós. Koljós). Así que le contesté:
- Mi padre es un ranchero.
Cuando nos despedíamos, nos intercambiamos de objetos de recuerdo – él me regaló un billete de cien dólares, yo a él – un billete de cien rublos, con el retrato de Lenin. Me gustaría saber como está George ahora. ¿Aun sigue vivo? Ojala lo estuviera, le deseo salud y muchos años de vida.